EL PATEON CHASE
Al sur de las islas Bahamas y de Cuba se encuentran las Antillas Menores. Una de estas islas es la de Barbados, que fue una colonia británica hasta 1966, cuando obtuvo su independencia. Una de las criptas del viejo panteón de su capital está abandonada hace más de medio siglo, desde el día que tuvieron lugar en su interior fenómenos que aterrorizaron a los testigos y que aún no se pueden explicar. ...Esta curiosa tumba la mandó construir en 1742 la familia Walrond, propietaria de una plantación de caña de azúcar, que tanto abunda aún en la isla. Todavía existe la tumba en la actualidad, con su enorme losa de piedra que sirve de bóveda a la cripta. La entrada se cierra con una puerta de hierro. En la actualidad el mausoleo está vacío. Nadie baja los pocos peldaños para abrir la puerta. Los Walrond vendieron el mausoleo, antes de ocuparlo, a sus amigos los Elliot. Iba a estrenar la tumba el coronel Thomas Elliot, pero en el último momento los familiares del difunto fueron a sepultarlo en el mar. La primera persona de la familia Elliot a quien correspondió el honor de inaugurar la tumba fue cierta señora Thomasina Goddard, indirectamente emparentada con la familia. Su cuerpo fue introducido el 31 de julio de 1807 en un sencillo ataúd de madera y pasó a ocupar uno de los anaqueles superiores de la cripta. A los pocos meses, el mausoleo fue cedido a los Chase, gente violenta que se había distinguido por sus raptos de locura y sus numerosos crímenes.
Mary Ann Chase, hija menor del llamado honorable coronel Thomas Chase, fue conducida a la cripta el 22 de febrero de 1808. Era una niña que, según las malas lenguas, fue muerta por su propio padre en un ataque de furia homicida. El cuerpo de la pequeña fue inhumado dentro de un ataud de plomo. Transcurrieron cuatro años, y el 16 de julio de 1812 volvió a ser abierto el mausoleo para dar entrada a otro ataúd, también de plomo. Y se produjo la primera de las grandes sorpresas. Había muerto Dorcas Chase, hermano de Mary Ann, quien tuvo siempre fama de excéntrico. Lo demostró al dejarse morir de hambre en su cuarto, encerrado con llave. Dos esclavos de color cargaron el ataúd de plomo hasta la puerta de hierro de la tumba y esperaron a que otros dos abriesen y entrasen en primer lugar, provistos de antorchas. Se disponían los cuatro a descender por la escalera de piedra. Pero no llegaron a penetrar en la cripta. Lanzaron un grito de terror y abandonaron el lugar corriendo. Era un espectáculo dantesco. El ataúd de Thomasina Goddard seguía en su sitio, pero el de Mary Ann Chase se encontraba cabeza abajo en el rincón opuesto al que debía ocupar durante los últimos cuatro años. Algunas personas valerosas regresaron el pesado ataúd de la niña a su lugar y acomodaron a su lado el nuevo huésped de la tumba: el hermano de Mary Ann. Estaba presente el coronel Chase, dirigiendo la macabra operación, sin imaginar que al siguiente mes le tocaría quitarse la vida. También al coronel lo enterraron en un ataúd de plomo. Y lo condujeron a la cripta de Christ Church, temblando los asistentes al acto ante la horrorosa perspectiva de contemplar de nuevo los ataúdes tirados por el suelo. Pero, afortunadamente, si alguien se ocupaba de mover los ataúdes, no tuvo tiempo ahora de realizar la tarea. Nada había cambiado. Se depositó la carga en un nicho, quedó cerrada la puerta de hierro y todos se fueron a su casa, pensando que aquel espectáculo que presenciaron el mes antes se debió a un sismo que se sintió con mayor intensidad en el panteón.
Transcurrieron cuatro años. En 1816 falleció otro hijo del coronel Chase, el joven Samuel Brewster Ames Chase. El entierro tuvo lugar el 25 de setiembre. Los goznes de hierro se habían oxidado y dos esclavos tuvieron que trabajar largo rato antes de abrir la cerradura y la puerta. Cuatro hombres esperaban afuera cargando el ataúd, que también era de plomo. La puerta se abrió lentamente. Dos esclavos asomaron un rostro temeroso. Echaron una ojeada al interior de la cripta y salieron corriendo. Alguna persona con sangre fría se asomó y vio en su nicho el ataúd de la señora Thomasina Goddard, pero no podía decirse lo mismo de sus compañeros. estaban todos en el suelo, cabeza abajo, apoyados contra el muro. ¿Quién pudo mover los ataúdes, si cada uno de los mismo pesaba 200 kilos y eran precisos cuatro hombres forzudos para cargarlo? Por fortuna se encontraba aquel día en el entierro Lord Combermere, gobernador de la isla Barbados. Le habían contado algo acerca de las cosas extrañas que sucedían en el panteón familiar de los Chase y quería verlo con sus propios ojos. Al contemplar aquello, adoptó medidas tan severas como inteligentes. Se quedó con sus hombre de confianza y procedió a buscar un pasaje secreto. Seguro finalmente de que no existía más entrada al interior del mausoleo que la puerta de hierro conocida, dio el siguiente paso. Ordenó cubrir el suelo con arena fina, para que quedasen marcadas las pisadas de quien penetrase en la cripta. Dejó caer unos objetos de valor que pudiesen atraer la codicia de los ladrones y pidió a su secretaria que redactase un inventario de cuanto se hizo. A continuación ordenó colocar una cerradura nueva en la puerta y sellaron ésta con una capa de yeso y piedras. Apoyó su anillo en el mortero todavía húmedo y abandonó el lugar, para esperar que transcurriese el tiempo y muriese otro miembro de la familia Chese.
Una señora que iba a depositar flores en una tumba cercana a la de los Chase escuchó el siguiente mes un fuerte crujido, seguido de gemidos lastimeros. El caballo que sujetaba de la brida comenzó a lanzar espuma por la boca y se le erizó la pelambre, a causa del terror que sentía. Tuvo la señora que llevar el animal al cirujano y nunca más se repuso. El mismo domingo, unos caballos que alguien dejó atados a un árbol, junto a la cercana a la iglesia, soltaron violentamente sus ligaduras, aterrados por algo que nadie supo decir qué era, y galoparon hacia el mar, donde murieron ahogados. La cripta tuvo que ser abierta el 18 de abril de 1820 para dar entrada a otro ataúd. Esta vez contenía los restos mortales de Thomasina Clarke, quien fue en vida hija de Thomasina Goddard. Se presentó en el entierro el gobernador Combermere y comprobó que nada había sido tocado. Unos esclavos echaron abajo la capa de mortero y se dispusieron a abrir la puerta. Dieron vuelta a la llave, pero no pudieron empujar la puerta. Varios hombres unieron sus fuerzas para hacer mayor presión y lograron finalmente abrirla. Y al mismo tiempo se dejó oír un fuerte ruido en el interior de la cripta, como si hubiese caído al suelo un objeto pesado... que sólo podía ser un ataúd. Los hombres que penetraron en la cripta ya sabían que algo muy extraño iban a encontrar. Y así sucedió. Vieron un ataúd quebrado y un hueso saliendo por un orificio. Era un antebrazo de Dorcas Chase. Los demás ataúdes de plomo estaban erguidos, cabeza abajo, apoyados en el muro. Solamente seguía en su nicho, reposando apaciblemente, el único ataúd no metálico de la tumba: el de madera de la señora Goddard.
El gobernador comprobó que no habían huellas de pisadas en el suelo ni faltaba ningún objeto de valor. No había explicación posible para el enigma, así que sugirió a los familiares de los difuntos trasladar los ataúdes a otro sitio y dejar vacía la tumba de Christ Church. Y así ha seguido hasta nuestro días. Nadie pudo entrar a la cripta para mover los ataúdes. El gobernador Combermere estaba seguro de que solo un hombre no pudo desplazarlos. Además, hubiese dejado sus huellas en el suelo. No encontró señales de inundación. El lugar se encontraba unos treinta metros por encima del mar. No era fácil que agua hubiese movido los ataúdes. En cuanto a un temblor de tierra, habría cambiado de lugar con mayor facilidad el ataúd de madera que los de plomo. Y el de la señora Goddard seguía en su nicho, bastante maltratado por el tiempo, ajeno a cuanto había sucedido en torno suyo. Los investigadores de los fenómenos síquicos intentaron clasificar este caso dentro de un renglón especial. Fue tarea inútil, porque ni siquiera podían afirmar que se tratase de un fenómeno paranormal. Arthur Conan Doyle, quien se interesó a comienzos del presente siglo en el misterio de la isla de Barbados, declaró que eran fuerzas sobrenaturales las que movieron los ataúdes de plomo, en señal de protesta, porque en su interior se descomponían los cuerpos con mayor lentitud que en los de madera.
Podemos decir en síntesis que este es uno de los casos mas conocidos popularmente, quien no se ha asustado contando la historia de los Chase? podrías tener alguna explicación lógica a estos fenómenos?, las fotos mostradas en esta parte son totalmente reales.
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Comentarios: 1
BRENDA (domingo, 16 mayo 2010 17:58)
WOW CHICOS, ESTE ES UN TEMA MUY INTERESANTE, Y A LA VEZ COMO QUE ME DA UN POCO DE MIEDO PUES LO QUE PASO EN ESA CRIPTA SI ES DE ESPANTARSE, TAL VEZ LOS SPIRITUS DE LOS CUERPOS QUE SE ENCONTRABAN ALOJADOS AHI NO SE SENTIAN A GUZTO, O SIMPLEMENT NO KERIAN ESTAR AHI, NO LO SE PERO SI YO HUBIERA ESTADO AHI SI ME MORIA DE MIEDO.. PERO MUY MUY INTERESANTE EL TEMA EN SERIO.... CUIDENSE